Casualidad.

forzar

  1. 5. tr. Obligar o precisar a que se ejecute algo

Últimamente he ocupado, más de lo común, esta palabra. No es que hable siempre de lo mismo. De diferentes modos me refiero a forzar, luego lo pienso, ya que, comúnmente, se le da un significado peyorativo que puede ser incluso chocante para alguien que pasa por mi lado y me escucha.

Hace algún tiempo yo creía en el destino. Que todo pasaba por algo porque así debía ser. Que no me preocupara por nada, porque el destino se preocuparía por mi y de mi suerte. Estamos destinados a estar juntos, o que el destino me traerá a la persona correcta. Ahora que lo pienso... qué imbécil fui todo ese tiempo. Fueron muchas las personas que me ayudaron a entender que no, la vida es no así. La vida no está escrita ni mucho menos estoy viviendo la vida escrita. Alienado ante una realidad tosca y gris.

Personas que me enseñaron a ver a colores y a jugármela cada segundo de vida, porque a pesar de lo feo que puede lucir el día, siempre se puede hacer algo. Siempre se puede improvisar algo y no estoy sometido ante una vida oscura con reglas poco justas. Yo puedo siempre cambiar, de un momento a otro, radicalmente mi vida. Que si conozco a alguien no es porque estamos destinados a vivir una vida juntos. BAH. Porque hay que ser demasiado ridículo para asignarle tamaña importancia a algo que fue una simple casualidad. Pero no porque sea una casualidad va dejar de ser importante. Yo creo que ahí está lo más importante de todo.

Basta ya, me referiré al motivo de este Post. Porque dejé de lado la poesía para poder entenderme a mi mismo, cuando, próximamente necesite pensar y pensar para tomar una decisión y ver si de alguna u otra forma he podido aprender algo.

¿Tú qué crees? ¿Crees que puedes esperar pacientemente gran parte de tu vida esperando a que se de una casualidad, supongamos que puedes esperar años a coincidir con una persona? o ¿Crees que es mejor forzar un poquito una coincidencia? Recordamos que al momento de referirnos a la palabra forzar se asume, casi implícitamente, que estás obligando o moviendo ciertas piezas para que suceda algo, incluso en contra de la voluntad del lado B.

Esa es una de las paradojas que hace como un mes me pregunto cada día al despertar. La primera pregunta; dicho de una forma u otra, podría pensar que se puede pasar toda la vida esperando a que la otra persona se anime. Pero no puede pasar nada. O puede simplemente que ya e haya dado aquel coincidencia que uno esperaba y que no vio. La segunda pregunta; si fuerzas algo, dejaría de ser coincidencia. O si fuerzas mucho, te la juegas, te dispones a sufrir. Que al momento de jugártela por otra persona, esa persona no esté en tu misma sinfonía y allí vamos que de nuevo sufres y vuelves a sucumbir ante la poesía para sublimar todo el deseo.

Yo la verdad ya no sé qué hacer.

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