el otro día, viajando en la micro como todos los días, se me hizo imposible no escuchar la conversación de dos amigos, súper cercanos al parecer. Uno le preguntaba al otro qué hacer. Al parecer el joven de pelo corto no podía responder las preguntas del joven con el pelo largo. El de pelo largo se veía bastante acongojado por no poder decidir por cuál de las muchachas decidir. Por lo que pude escuchar las dos eran mujeres bellas, interesantes y muy distintas en sus carácteres; si mal no recuerdo una de ellas, a la cual llamaré "la peliadora" no era lo que uno de los muchachos esperaba ni pensó que se llegaría a enamorar, mientras que la "interesante" era todo lo que él había estado buscando. La cosa era la siguiente. Él casi no podía hablar con la muchacha interesante. Sucede que él nunca tenía problemas para sentar una conversación con una mujer. Al parecer él era bastante intrépido y siempre tenía alguna historia qué contar, pero al momento de hablar con una mujer que realmente le gustara... ahí todo se iba a la mierda y se quedaba callado como roca, o algo así, si mal no recuerdo. Mientras que con la otra chica podían hablar de lo que quisieran. Ahora que lo pienso... quizás nunca le gustó mucho la peliadora.

Me fui gran parte del camino escuchando a uno de los chicos preguntándole al otro por cuál decidirse. Al parecer no podía con las dos, por un tema de que simplemente no era capaz de "traicionar" o ser infiel... algo así. La verdad nunca entendí bien esa parte. Valla problema el de aquel estudiante. Por su apariencia no se veía un mal hombre, de hecho era bastante simpático. Su tono de voz era un poco chillón pero no molesto. Tenía un gran desplante al parecer y no le importaba que toda la micro escuchara su conversación. Cuando lo vi bajarse de la micro encendió inmediátamente un cigarrillo. Pobre hombre. ¿Es posible que tantos problemas le traiga eso de no poder decidirse por una ni por la otra?

Esto me recuerda a que una vez me pasó algo parecido. Que yo estando en una relación nunca la pude disfrutar ni vivirla como merecía, porque había una otra a la cual no quería lastimar. Malditas mujeres.

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