Comencé a recordar cómo ella se impregnó en cada una de mis cotidianidades. De a poco, siempre con incertidumbre, dejando la duda, la falta. Pero aquí está. De alguna manera lo hizo. Entró y se quedó. Pero ninguno de los dos sabemos de qué forma, pero yo sé que ahí está. Esbozando una sonrisa que me hace la vida volar. Florecer.
Por eso es que siento pájaros en la cabeza.
Elegantes anfitriones de la eternidad.
Danzadoras.
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