Tendederos.

Acabo de tener un recuerdo que irradia felicidad. Cuando era chico y no tenía más de cinco años, vivía en una casa súper humilde en Buin -súper humilde. Y como apestaba ver tele, pasaba casi todo el día jugando en el jardín, que a pesar de lo feo que era, era gigante.

Para mi, la felicidad máxima estaba en verano, cuando pasaba corriendo por debajo el tendedero con ropa mojada y levantaba la mirada; sentía esas gotas heladas con olor a detergente cayendo en mi rostro.

Qué bonito.

Ah, y cuando se me pegaba una manga de alguna camisa de mi viejo en la cara... eso no tenía precio.

1 comentario:

  1. Tu recuerdo trajo en mi uno muy parecido, casi pude sentir el olor a ropa limpia, gracias por eso.
    aa me posé en la poza colega

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