Desde hace un buen tiempo que no tengo un espacio retrospectivo, al igual que desde un montón de meses atrás que no logro dar con algunos sentimientos en el tintero de la incertidumbre.
A veces me pongo a pensar; en nosotros; en el tiempo; en los años; en el futuro; y en mi vida, en general. Es imposible sacarte de allí. Me aterra la idea de perderte:
De perder esos ojos tan grandes y brillantes, complacientes y abiertos a posar mi mirada sobre ellos. Me agrada saber que siempre están mirándome, como si te aterrara la idea de que desapareciera de un momento a otro. Es obvio que no necesitas decirme esas cosas para que yo las sepa. Es cosa de mirar en ellos.
De perder tus labios y tu sonrisa. Recuerdo que incluso sin conocerte, sin siquiera saber tu nombre ni quién eras, era esa sonrisa, precisamente la tuya, la que me hacía voltear la mirada. Incluso escribiéndolo me da un poco de verguenza admitir que, sin haberte conocido, yo ya era tuyo.
Sobretodo, recuerdo el día -casi como en una película- que escuché tu risa. Fue un sábado temprano, tenías un bonito chaleco blanco y yo miraba discreto (estoy seguro que no lo fui. Nunca lo soy). De haber sabido que no soportabas mi presencia hubiera buscado algún pretexto para hablarte. Recuerdo que siempre lo buscaba, siempre. Lastima que nunca hayé el correcto. Espero que nunca leas esto, soy tan tonto.
El otro día encontré, luego de mucha búsqueda, mi parte favorita de tu cuerpo y que es cuando llego al momento preciso en que mi mano se aferra a tu cuello, tras tu oreja. Es difícil de describirlo.
Siempre decía que la mujer perfecta para mí debía ser más baja que yo. Tonterías.
Me rehuso a perder la oportunidad de poder despertar a tu lado. De sentir tu respiración tratando de alcanzar la mía, coordinándolas. De aguanrme la respiración para que todo tu trabajo se pierda y tengas que comenzar de nuevo.
Me gusta cómo mi pieza se llena de nuestro olor. Me gusta sentir ese olor en mis manos cuando ya no estás. De sentirlo en mi cuerpo, en mis brazos, en mi pecho, en mi cuello y en mis venas. Me gusta inventar ese aroma a ti, recordándote. Por eso te huelo tanto cuando te tengo en mí.
Y pensar que siempre estuvimos tan cerca, vida mía. Por perderme en un beso, en un abrazo, en una caricia y en un suspiro, lo daría todo.
Me gusta que seas apasionada por lo que haces. Me gusta que te frustres cuando las cosas no te resultan. Me gusta que conozcas más gente que yo. Me gusta que sepas más que yo. Me gusta que siempre busques el porqué de las cosas. Me gusta que me hagas llorar mientras escribo esta entrada. Me gusta que me hagas llorar por hacerme volver a sentir. Me gusta que hayas (h)echo sentir vivo de nuevo. Me gusta que me hagas odiarte cuando no te tengo. Me gusta amarte tanto como sólo a ti te podré llegar a amar. Me gusta amarte tanto. Me gusta amarte. Me gustas tanto.
Espero que nunca leas esta entrada. Me sentiría desnudo frente a tus ojos.
Me gustaría sentirte así, pero te cuesta tanto.
A mí no me cuesta nada amarte. Te amo. Te amo. Te amo.
Me gusta cuando me cuentas tus secretos. Cuando te pones rojas. Cuando estoy con tu familia. Cuando estás con mi familia. Cuando nos proyectamos. Cuando pienso una vida entera contigo. Cuando te siento con mi cuerpo y con mi alma. Cuando me demuestras que siempre te puedo llegar a amar más.
Esta nota no tiene final. Tú y yo tampoco
porque somos eternos. Pase lo que pase
...y lo sabemos.
Hoy te quería odiar. Siempre te odio por no tenerte
pero algo tienes. Algo que no sé lo que es
pero que nadie más tiene.
No hay comentarios:
Publicar un comentario