Espectros.

Las últimas hojas de aquel otoño caían sobre los ojos de aquel adolescente enamorado. Sobre el amarillo y pajoso pasto del mismo café. Él las tomaba y se las daba a ella, para que las guardase, de seguro lo haría mejor que cualquiera, no quería arriesgarse a perder tales hermosos recuerdos, se lamentaba ser tan descuidado y torpe.


Él la acariciaba, ella no se resistía. En ocasiones hasta le besaba la mejilla, eran besos eternos, llenos de colores y efímeros sentimientos. La gente que pasaba por la vereda los miraba con envidia, dos cuerpos en un solo universo. Único universo entre ambos enamorados, casi enamorados.


El sol de a poco caía sobre el follaje del paisaje. Ellos se movían a medida que el sol pegara en sus rostros. Ver sus ojos brillar eran cosas que ambos agradecían, que ambos disfrutaban. La felicidad momentánea, sin pensar en el después, sin pensar en las tantas respuestas que tendrían que inventar y modular. Ocultando tantas verdades, tantos momentos. Bajo la mirada de todos, ellos no existían. Pero él y ella sabían cómo volar, o aparentemente como mover las alas juntos, y disfrutar aquello.


Sus abrazos eran una cosa envidiable por cualquiera. Ella ponía su cabeza contra su pecho, mientras él le besaba la cabeza, le acariciaba el cabello y sentía su aroma, tal dulce y estremecedor.


En un momento comenzaron a hablar, y se dieron cuenta de tantas cosas.


Ya no eran únicos.


Ella nunca escribió poemas con su nombre.

Ella nunca cantó canciones sobre él.

Ella nunca habló con sinceridad.

Ella nunca soñó con esos días.

Ella nunca pinto en las tardes.

Ella nunca lo amó.


Mientras tanto él.


Nunca le cantó canciones de verdad.

Nunca le recitó ningún poema.

Nunca tuvo una conversación.

Nunca conoció su otro mundo.

Nunca le mostró su mundo.

Nunca le habló sobre él.


Frente a este panorama, todo murió.


Dejaron de hablar.

Dejaron de verse.

Dejaron de llamarse.

Dejaron de querer.

Dejaron de amar.

Dejaron de escribir.

Dejaron de sentir.

Dejaron de caminar.

Dejaron de soñar.

Dejaron de cantar.

Dejaron de crear.

Dejaron de volar.

Dejaron de besar.

Dejaron de viajar.

Dejaron de


...tantas cosas.


Más él que ella.

O viceversa,

nadie sabe.


...


Él lloró muchas noches su ausencia. Miró tantas veces su celular, revisó tantas veces su correo. Miró durante tardes enteras el pasillo de su facultad, esperando que su figura o su aroma apareciese, cosa que nunca pasó. Cuando tenían la ocasión de hablar no lo hacían. El la odiaba tanto, que su orgullo le impedía mencionar ni una sola palabra. Aveces lo hacía de igual manera, olvidando el cómo murió, pero cuando lo recordaba, todo el dolor volvía a él y seguía en su guerrilla interna.


Él adolescente nunca más se enamoró.

Ella ahora es feliz con su nuevo amante.

Él nunca podrá olvidar aquellos ojos de Abril.

Ella ahora le canta canciones a su nuevo amante.

Él nunca podrá olvidar aquellos días en los que creció.

Ella comparte un cigarrillo todos los días con otro, riéndose.

Él, hace tiempo que no ríe con ella.

Él, hace tiempo que murió.

Él, hace tiempo que no siente.

Él, hace tiempo...


...Que no olvida.

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