...Y es en este momento en donde un charla existencial me vendría bien,
el problema son las personas. No, quizás nunca lo sean ellas,
sino que simplemente sea yo.
El momento de asumir que no todos los caminos
convergen hacia el mismo punto,
ese punto en que uno sueña noche y día.
A la luz de la alba no todo brilla como uno añora.
Pero qué es de ese brillo, el mismo del de la luna,
sutil y acogedora, si asumo la no-verdad.
Una no-verdad incubada entre el suave vaivén de tus brazos,
aquel que me cobijó tantas tardes de desesperanza,
tardes palpables de technicolor.
Aquellas que se tratan de olvidar, pero sucumbes ante la simplicidad,
la hermosura y belleza de aquellos días, hundidos como viejos navíos,
oprimidos como simples deseos y cuentos azarosos de la vida.
(...)
Mi vida.
El azar.
Destino.
En algún momento el tren de los deseos se estrelló,
al igual que los astros lo hicieron aquella noche,
aquella noche en donde la no-verdad se esfumó...
Y fue momento de la conquista del cielo. Castillos gigantes.
Pero sólo sobre las nubes, de esas que revientan.
(...)
De vez en cuando.
Las cuerdas hicieron crujir su sonido, los suaves arpegios de la melancolía.
El blues de tu sangre y el vaivén de tu sien, de tu mirada, del brillo.
De aquellos par de cafeses que admiro, que extraño.
Es casi como una imagen, que se desvanece por la erosión de la vida.
Cruel erosión que lastima al ritmo de tu paso, de los primeros.
La sombra, sí, esa sombra que sigo cuando no soy capaz de mirar hacia el frente,
sobre todo cuando la luz me ciega, pero tampoco alumbra, y nada más.
Aveces no queda nada más que hacer, sólo dejar caer tus manos...
(...)
Como todo lo demás.
Sueños, esperanzas.
Verdades, sentimientos.
Felicidad, alegría.
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