Dime tú.

Ven, toma de mi mano.
Siéntate junto a mi y háblame,
tanto tanto como si nunca lo hubiésemos hecho,
nunca lo hemos hecho en realidad
pero qué más da.

Cántame tus sueños, esperanzas y metas,
yo te hablaré de las mías, de mi pasado,
de mi presente y mi futuro.

Yo te puedo contar unas historias mágicas,
sobre un campo infinito y eterno, con palomas danzando en los cielos,
esbozando un paisaje irreal, con dos jóvenes que se aman,
que juntos de la mano caminan por un puerto,
sobre andamios de verdadera belleza,
son cánticos que adosan a la sutileza.

Porque cuando estaban tus manos corría el aire por mi piel,
porque cuando estaban tus mejillas contra las mía sentía por primera vez,
porque cuando estaban tus manos sobre mi cara
te quería, anhelando un paisaje como el que me
describías en tus postales, añorando verme.
Añorando una realidad eterna.

Pon tu cabeza sobre mis piernas,
yo te acariciaré, te besaré y contemplaré.

Te contaré historias como las que ya sabes,
pero como siempre, con un final distinto, aveces feliz,
aveces triste, pero siempre la misma historia,
de dos jóvenes que pasean de la mano,
por un puerto, por un campo,
que bajan una escalera,
o que vuelan.

Siempre estamos volando,
incluso ahora que perdidos tratamos
de orientarnos.

Perdidos tratamos de evitarnos,
perdidos tratamos de recordar,
perdidos tratamos de soñar,
perdidos tratamos de cantar,
perdidos tratamos de... amar.

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